EXAMEN

El Liberalismo clásico o primer liberalismo es una frase usada para describir ideas formuladas durante los siglos XVII y XVIII, contrario al poder absoluto del Estado y su intervención en asuntos civiles, la autoridad excluyente de las iglesias, y cualquier privilegio político y social, con el objetivo de que el individuo pueda desarrollar sus capacidades individuales y su libertad en el ámbito político y religioso. Su base fundamental se encuentra en la doctrina de la ley natural, cuyo más representativo exponente es John Locke.

Características del pensamiento

Dotado de una alto grado de laicidad, ya que tanto los pensadores cristianos como aquellos que a partir del siglo XVIII adoptaron el ateísmo como postura frente a la religión, estaban vinculados a la Reforma Protestante de inicios del siglo XVI y a la reforma de la Iglesia Católica, con el consecuente alejamiento de la idea de Dios de los asuntos públicos. La religión pasa a ser un asunto privado, alejada de la moral y de la política, con la finalidad de favorecer la convivencia.

Sus bases racionales son el realismo y el empirismo, con mucha mayor atención, por lo tanto, a los cambios observados en los hechos, por lo que se distingue del idealismo y del deductivismo propios del racionalismo continental europeo, más tendente a formular verdades absolutas. Se trata de un racionalismo analítico, más que justificativo.

Su visión del hombre es realista, suponiéndole una motivación fundamentalmente egoísta en aras de la satisfacción del propio interés.

Dicho laicismo, empirismo y utilitarismo, propios del liberalismo clásico favorecen la convención más que la convicción, mediante un programa político basado en el consenso, por lo que considera la ley y la institución creaciones artificiales, evaluándolas por sus resultados y omitiendo su concordancia con cualquier principio trascendente.

Inicios

Nace en Inglaterra a mediados del siglo XVII, entre la guerra civil y la revolución de 1688, con la elaboración de argumentos contrarios a la monarquía absoluta y el poder eclesial y su pretensión de monopolio sobre la verdad religiosa.

Los primeros en manifestar estas posturas son los niveladores, pequeños propietarios disidentes del ejército de Oliver Cromwell, constituido en partido político en 1646. Sus ideas centrales hacían referencia a la comunidad política como un conjunto de personas libres que comparten los mismos derechos fundamentales, por lo que el gobierno tenía que basarse en el consentimiento de los gobernados. Como los gobernados son personas racionales, dicho ejercicio de gobierno no podía ser ni paternalista ni intervencionista, sus poderes, por lo tanto tenían que ser limitados, con una clara vocación de protección de los derechos individuales como la libertad de expresión, de religión, de asociación y de propiedad.

El factor religioso también jugó un importante papel en la formulación del liberalismo. En línea con lo anterior, se reclamaba tolerancia y libertad religiosa por parte de los sectores inconformistas fuera de la Iglesia de Inglaterra. Hasta ese momento, reinaba un compromiso doctrinal entre el calvinismo y el anglicanismo que permitió la nacionalización política, compromiso que proporcionó en la práctica una dinámica de tolerancia religiosa. Pero en el siglo XVII surgieron importantes discrepancias en el seno de la Iglesia de Inglaterra referentes a su tradicionalismo y autoritarismo, desembocando en el puritanismo, cuyas reclamaciones radicaban en la independencia eclesiástica y en una organización presbiteriana o asamblearia.

Positivismo es una epistemología, que surge a inicios del siglo XIX de la mano del pensador francés Augusto Comte y del británico John Stuart Mill

Esta epistemología surge como manera de legitimar el estudio científico naturalista del ser humano, tanto individual como colectivamente. Según distintas versiones, la necesidad de estudiar científicamente al ser humano nace debido a la experiencia sin parangón que fue la Revolución Francesa, lo que obligó por primera vez a ver a la sociedad y al individuo como problema de estudio científico.

Esta epistemología tiene como características diferenciadoras la defensa de un monismo metodológico, específicamente el método de estudio de las ciencias físico-naturales. A su vez, el objetivo del conocimiento para el positivismo es explicar causalmente los fenómenos por medio de leyes generales y universales, lo que lleva a que considere a la razón como mero medio para otros fines (razón instrumental). La forma que tiene de conocer es inductiva, despreciando la creación de teorías, a partir de principios que no han sido percibidos objetivamente.

Como reacción a la epistemología positivista, surge principalmente en Alemania la epistemología hermenéutica. Entre las críticas que se le hacen al positivismo es la incapacidad que posee el método de las ciencias físico-naturales, para conocer sus objetos de estudio (la sociedad, el hombre, la cultura) los cuales tendrían propiedades como la intencionalidad, la auto-reflexibidad y la creación de significado, que serían dejados de lado por la epistemología positivista. A su vez, dentro de la hermenéutica, cabría una crítica a la búsqueda de leyes generales y universales, pues deja de lado necesariamente los elementos que no pueden ser generalizados. Así, algunos hermeneutas defienden un conocimiento ideográfico (de conocimientos más precisos, pero menos generalizables), que uno nomotético (de leyes generales). Finalmente, desde la hermenéutica, se planteó la necesidad de conocer las causas internas de los fenómenos, cuestión que se alejaba de la explicación externa de los fenómenos. Así en vez de buscar la explicación, los hermenéutas buscan la comprensión de los fenómenos.

Durante el siglo XX, a partir de los estudios de Bertrand Russell y otros, el filósofo Ludwig Wittgenstein elabora el texto Tractatus Logico-Philosophicus, que sirve de inspiración para el surgimiento del Círculo de Viena, grupo de intelectuales, que tuvieron como objetivo el alejar definitivamente a la filosofía de la metafísica, a partir del desarrollo de la lógica de Russell. A poco andar, surgieron muchas críticas desde los mismos fundadores del Círculo de Viena, siendo una de las más fuertes la de Karl Popper. Este plantea que el objetivo de cimentar todo el conocimiento científico en lo empírico es irrealizable, cuestión que pronto es aceptada por el Círculo de Viena. De esta manera el positivismo lógico evoluciona hacia el racionalismo crítico, que se separa de aquél en cuando desprecia la inducción y vuelve a darle preponderancia a la teoría, y a la correspondiente deducción.

El Socialismo Tendencias en el siglo XXI?

Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno
en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la visión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico
que se está desarrollando ante nuestros ojos

C. Marx y F. Engels Manifiesto del Partido Comunista

 I. Crear una nueva civilización humana

El mundo en que vivimos, marcado por el modelo consumista competitivo de la civilización (capitalista) occidental, se agota aceleradamente. No obstante, para mantener su modo de vida y sus ganancias, las cabezas del poder pretenden apropiarse de la totalidad de recursos energéticos, de la biodiversidad, controlando los territorios donde estos se encuentran y –obviamente , a los seres humanos que los habitan. Como señala Leonardo Boff, “...Bush apunta a establecer la ‘pax americana’ y uniformizar el mundo bajo los moldes del estilo de vida norteamericano. Después del 11 de septiembre decidió que eso se hará utilizando la fuerza. Nadie podrá desafiar esta pretensión, de lo contrario conocerá, de inmediato, el poder avasallador de Estados Unidos. De este modo, Bush prolonga y lleva hasta las últimas consecuencias la marca intrínseca del paradigma occidental: la voluntad de someter a todo el mundo, vale decir, de implantar un imperio universal. En concreto, la así llamada globalización, no es otra cosa, sino la occidentalización, u occiintoxicación del mundo.” (2)

Esto nos amenaza a todos de muerte. Es precisamente la contradicción vida muerte la que caracteriza el antagonismo fundamental de nuestra época; a través de ella se expresan hoy las contradicciones de clases y otras a ella directamente articuladas, todas encuentran ahora, en este ámbito, nuevas dimensiones y aristas de existencia y expresión. La contradicción vida-muerte contiene a la de clase, y la caracteriza y proyecta de un modo muy específico, en donde lo defensivo adquiere un carácter predominante. Esto replantea la concepción (la posibilidad y la necesidad) de la ofensiva de la clase con modos y grados diferentes de conformación, organización y desarrollo respecto de la correspondiente a la época del capitalismo predominante en los siglos XIX y XX.

Un debate histórico concreto

Hoy, la lucha por la sobrevivencia y la defensa de la vida conforman el eje central primero de toda acción de resistencia de la clase y los pueblos todos frente al avance de los apetitos irracionales destructivo agresivos del capitalismo neoliberal global, y también, por tanto, de las luchas por la transformación radical de la sociedad encaminadas a superar la lógica de funcionamiento destructivo del capital, quebrándola desde la raíz.

En su locura destructiva desenfrenada el capitalismo neoliberal globalizado pone a la humanidad al límite respecto de sí misma, desafiándonos como nunca antes a pensar en nuestra sobrevivencia. Y esto reclama la creación y construcción de nuevos parámetros histórico-culturales de pensamiento, organización y funcionamiento metabólico socio-natural. La posibilidad de sobrevivencia se anuda a la conformación de un mundo basado en la armonía de la dimensión cósmica-humana. Y esto reclama de nosotros –y urgentemente un profundo cambio de mentalidad, de actitud ante la vida y la construcción de un mundo diferente.

Los paradigmas predominantes de nuestra cultura y modo de vida nacidos y desarrollados bajo la hegemonía de esa civilización (occidental) están en crisis, y esto comprende también a los paradigmas emancipatorios socialistas del siglo XX marcados por el eurocentrismo y –por esa vía por la competencia con el capitalismo. En esa perspectiva, el socialismo entendido como formación socioeconómica superior y sucesora del capitalismo debía ser superior en todo: tener más PBI, más producción industrial, lograr colocarse en la categoría predominante de “desarrollado”, para lo cual apostó también a una explotación creciente y extensiva de la naturaleza, supuesta fuente inagotable de riquezas... Como contracara del capital, se aseguraba que el socialismo tendría mayores éxitos y ventajas. Pero esa situación de contracara, muy marcada por el reduccionismo economicista, implicó también la sobrevivencia de la lógica verticalista subordinatoria jerarquizante propia del capital, lógica que siguió siendo predominante en el período fundacional del socialismo (transición), a través del cual se profundizaron las limitaciones iniciales y –como parte de ellas la enajenación de los seres humanos, particularmente en el comportamiento y la construcción social-política.

Hoy, la profundidad de las contradicciones del capital que potencian su irracionalidad destructiva, y las experiencias socialistas vividas, reclaman pensar la transformación social como un proceso radical integral, es decir, como transformación social, económica, cultural y política de la sociedad, en aras de la liberación del grupo humano histórico-concreto de que se trate, en la perspectiva de liberación de la humanidad.

Es en este momento histórico que el socialismo como posible alternativa civilizatoria vuelve al centro de las reflexiones.

Enriquecer y actualizar el ideario socialista

Frente a los que pregonan la resignación esgrimiendo la ausencia de alternativas, va quedando al descubierto que las alternativas sí existen y se inscriben en la perspectiva socialista. Cualquier apuesta a favor de la vida –si se empeña en ser consecuente en algún momento tendrá que romper radicalmente con el modelo neoliberal globalizado, es decir, con la lógica del poder mundial y con el poder mismo; no tienen cabida terceras posiciones ni terceras vías dentro de él.

Resulta fundamental reafirmar la vigencia del ideario socialista, concientes de que ello implica a la vez resignificarlo, enriquecer su contenido con las experiencias de lucha de los pueblos de las últimas décadas, con las enseñanzas que arrojan las experiencias revolucionarias del siglo XX y lo que va del XXI, con los avances del conocimiento humano, y la creatividad colectiva de los pueblos.

Se trata de un socialismo enriquecido histórica y culturalmente. Se trata de un socialismo nuevo, radicalmente democrático, comunitario, económica y socialmente sustentable y equitativo, humanista y por ello profundamente liberador; un socialismo que significa y supone por tanto la creación y fundación de una nueva civilización humana.

En este empeño, lo cultural, las subjetividades, afloran a un plano primero y todo ello nos obliga a concentrar nuestras miradas y reflexiones en los y las protagonistas del pensar realizar las transformaciones. Otro mundo será posible si se transforma de raíz, desde el interior de nosotros mismos y el de nuestras organizaciones sociales y políticas, y desde ahora.

Se trata de una larga transición que nace en las entrañas del capital

El socialismo no puede limitarse a corregir las “injusticias sociales” del capitalismo, particularmente mediante la sustitución de la propiedad privada por formas de propiedad colectiva, no puede limitarse a ser una especie de “capitalismo sin capitalistas” sustentando las mismas concepciones en lo que hace a tecnología, organización del trabajo y de la vida social. Para lograrlo, resulta imprescindible pensar la transición como un largo proceso histórico complejo y multifacético que combina procesos de auto constitución de sujetos, de construcción de organización y de proyectos y la construcción de poder desde abajo. Esto reclama pensar la transición hacia él como parte de todo el proceso de resistencia, lucha y transformación del capitalismo. En este sentido, la transición es el proceso mismo que nace desde las entrañas del capitalismo.

En tanto se trata de una nueva civilización, la construcción del socialismo supone un largo proceso histórico, proceso que se caracterizaría como señala Samir Amín , “por el conflicto interno en todas las sociedades del mundo, entre las fuerzas y lógicas que reproducen las relaciones sociales capitalistas, y las fuerzas y aspiraciones fundadas en lógicas antisitémicas, anticapitalistas, que puedan preparar el porvenir socialista del mundo.” (3)

Esto reclama nuevas miradas sobre algunos supuestos considerados axiomas de la construcción socialista:

a) Que la abundancia y la riqueza son premisas para el socialismo.

b) Que el capitalismo desarrollado sienta las bases para el socialismo.

c) que la conciencia se transforma “automáticamente” a partir de los cambios en la base económica.

d) Que en el seno del capitalismo es imposible crear las bases de la sociedad socialista.

Hoy resulta impostergable cuestionar estos supuestos y –cuando menos relativizar “(...) la teoría según la cual el socialismo no puede desarrollarse en el seno del capitalismo, como éste lo había hecho en el seno del feudalismo.

“En consecuencia, de la misma manera en que los tres siglos de mercantilismo (1500 1800) representan una larga transición del feudalismo al capitalismo, durante la cual los dos sistemas coexisten conflictivamente, nosotros podríamos tener que ver con una larga transición del capitalismo mundial al socialismo mundial, durante la cual las dos lógicas –la que rige la acumulación de capital y la que procede de necesidades sociales incompatibles con ella coexistieran en forma conflictiva.” (4)

La transformación social en proceso de transición al socialismo nace en las entrañas mismas del capital, pero no “de” ellas, es decir, no se produce espontáneamente (de modo “natural”) ni por acumulación de reformas parciales. Se trata de un proceso que se construye de forma predominantemente consciente porque la lucha contra la lógica del capital, la construcción de una lógica propia, revolucionaria, y la conformación de un proceso social articulado orientado al socialismo no se produce mágica, espontánea ni mecánicamente. Requiere de la voluntad organizada y la participación consciente de todos los actores sociales cuya actividad cuestionadora y transformadora hace al proceso mismo.

Necesidad de construir el sujeto colectivo de los cambios

La participación y la conciencia de los pueblos no pueden alcanzarse instantáneamente ni por decreto. Hay que construir el actor social colectivo –su conciencia, organización y propuestas , y esto supone procesos yuxtapuestos y múltiples de auto-constitución y auto-construcción colectiva, hacia la (auto)constitución del actor colectivo capaz de pensar y realizar las transformaciones, la acción, o suceso, o manifestación, o fenómeno político social de que se trate en cada momento. Y esto requiere tiempo.

No hay sujetos a priori (constituyentes) de los acontecimientos sociales concretos en los momentos concretos. Existen sí, sujetos potenciales [negados, Hinkelammert], que pueden llegar a constituirse en sujetos sobre la base de su propia intervención en los procesos de resistencia, lucha y transformación de lo viejo y construcción de lo nuevo. En tanto se articulen estas actividades y tendencias sociohistóricas, este proceso deviene a su vez, proceso de autoconstitución y autodeterminación de los actores sociales en sujeto popular (en su articulación constructiva interconstituyente de poderes y proyectos orientadores-definidores del sentido de su actividad y del modo de ese su ser sujetos).

Construir un nuevo modo de vida

La creación y construcción del socialismo, en tanto nueva civilización humana, requiere de un aprendizaje social colectivo a través del cual vayan cambiando las formas de vida y se vayan construyendo las nuevas identidades históricas. (5)

No hay final distinto del inicio; no hay ser humano nuevo, nueva cultura y nueva sociedad si no hay acumulación de prácticas nuevas radicalmente democráticas y plurales, solidarias, no consumistas, basadas en conductas éticas acuñadas y asimiladas en las prácticas continuas y constantes de resistencia, lucha y construcción de los pueblos durante años.

Como claramente lo ejemplifican experiencias de construcción sociopolíticas como las del Movimiento Sin Tierra, de Brasil, y del Comité para la Defensa de los Derechos Barriales (Copadeba), de República Dominicana, todo proceso de resistencia, lucha y construcción de lo nuevo resulta a la vez un importante proceso pedagógico práctico de formación y desarrollo de la conciencia política de los actores y sujetos políticos. A través de él se va acumulando conciencia sociopolítica que supone organización y poder , como parte de un proceso ascendente hacia objetivos mayores, estratégicos, de transformación de la sociedad en su conjunto. En este sentido, la educación popular –más allá de las consideraciones particulares que pudieran hacerse acerca de sus diferentes vertientes y experiencias , como concepción político-pedagógica y ética del otro en tanto pobre, desposeído y oprimido y su relación con nos-otros (los maestros, los políticos), tiene mucho que aportar a la construcción de la conciencia política. Tenemos que apropiarnos de ese caudal de saberes creados y acumulados por nuestros pueblos e incorporarlos definitivamente a las formas de construcción política de conciencia, de organización y de nuevas prácticas solidarias.

La problemática a enfrentar no se limita a lo económico, es integral, multidimensional, multifacética. No es la sociedad la que debe acomodarse a los designios económicos sino a la inversa. Es por ello que todo debate acerca de un mañana diferente y superior de la humanidad, debe partir de la definición de qué tipo de civilización humana, qué tipo de ser humano nuevo queremos. En función de esos parámetros, y considerando siempre como centro del proceso transformador a los protagonistas-responsables de su construcción y desarrollo, se irán buscando colectivamente las respuestas económicas necesarias (y posibles en cada momento) y no a la inversa. El otro camino ya ha sido experimentado por derecha e izquierda y los resultados están a la vista.

La lucha contra la enajenación de la clase (y de la humanidad oprimida) no se libra solo en lo económico, ni se resuelve mecánicamente transformando la base económico-material de la explotación capitalista; comprende integralmente el modo de vida de la clase (y los seres humanos oprimidos) en las sociedades en que viven. Luchar por la liberación implica construir un modo de vida radicalmente diferente al acuñado e impuesto por el capital mediante su lógica de funcionamiento productivo y reproductivo de relaciones sociales, cultura, pensamiento, identidades... basadas en la discriminación, exclusión, el egoísmo, la explotación. Se trata de construir –desde abajo (desde la raíz)- una sociedad diferente, desenajenante y humana, y ello solo puede ser obra de los sujetos mismos.

Los economistas tendrán que aprender a construir las soluciones paso a paso y colectivamente, es indispensable contar con propuestas y proyectos económicos que orienten cómo se sustentará la construcción de lo nuevo, pero –en cualquier caso estos deben ser abiertos, flexibles, móviles, y reelaborados siempre en debate con el conjunto del pueblo, protagonista capaz de crear, proponer y decidir también en ese ámbito supuestamente reservado a eruditos. Pensando en una futura nueva civilización socialista, resulta fundamental contar con proyectos que permitan la construcción de una nueva racionalidad [Hinkelammert] económico-social productiva-reproductiva, es decir, económica y socialmente sustentable y sostenible. El socialismo no puede limitarse a superar las injusticias materiales evidentes del capitalismo en el orden social mediante la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción. Considerar separadamente lo social y lo económico significa precisamente sostener el enfoque liberal burgués de la economía (y la sociedad).

Las reflexiones acerca del tipo de sociedad que se anhela construir y acerca de la economía que se requiere para sustentarla deben ir articuladas, creciendo histórica y simultáneamente en cuestionamiento y profundización integrales. En ese sentido puede afirmarse que los proyectos económicos deben ser proyectos de acompañamiento de las tareas que en cada momento histórico demande el desarrollo del proceso de transformación según las posibilidades y condicionamientos políticos, sociales, naturales y culturales, atendiendo en primer lugar a la defensa y preservación de la vida, a lo que esto significa e implica concretamente en cada caso.

No hay recetas universales, ni un camino, ni un ritmo y un modo únicos de desarrollo del proceso de transición construcción de la nueva civilización humana. En Brasil o en Argentina, por ejemplo, hoy resulta una prioridad indiscutible terminar con el hambre y con la pobreza debajo de la pobreza (miseria), en Haití también, pero en este caso, la sobrevivencia individual resulta directamente dependiente de la posibilidad de sobrevivencia del país; atender a la sobrevivencia de su población implicaría, por ejemplo, vincularla a la reforestación del territorio, sin la cual es imposible la posibilidad de existencia futura del país y de sus habitantes.

Un profundo cambio ético cultural es indispensable

No hay un después en cuanto a tareas, enfoques y actitudes. A lo largo de todo el proceso se va gestando y construyendo lo nuevo, promoviendo un profundo cambio ético-cultural que resulta, a la vez, basamento para su creación-construcción. Esto reclama la participación consciente y la voluntad de los actores sociales y políticos que hacen al proceso mismo.

Lo nuevo, la sociedad del futuro que buscamos no llegará mágicamente ni de modo externo a los seres humanos que la anhelamos, es (o debe ser) construida cotidiana e integralmente en todos los ámbitos de nuestras vidas, desde abajo, desde la raíz de los fenómenos y procesos de la vida social, fundando y construyendo a la vez, nuevas relaciones sociales (y familiares, y personales) cuyo funcionamiento rompa radicalmente con la lógica del funcionamiento del capital (6). Resulta por tanto, fundante y constituyente de nuevas relaciones sociales (económicas, políticas, culturales, éticas, etc), de un nuevo poder popular revolucionario (democrático, participativo, horizontal, plural, múltiple, diverso, articulador... ).

Transformar radicalmente las relaciones de género

En este empeño resulta vital cuestionar y transformar radicalmente las relaciones de género que producen y reproducen la desigualdad, la discriminación, la exclusión y la explotación entre los seres humanos de un modo aparentemente “natural”, desde sus formas primarias de existencia (la familia) hacia toda la sociedad. No puede hablarse de democracia popular revolucionaria (radical) ni de fundación de una nueva civilización humana si se mantiene la opresión de género.

“(...)No hay pensamiento ni propuesta seria sobre la democracia, en lo político, social, ético, económico y cultural, que pueda prescindir de incorporar atravesando su concepción y su propuesta la perspectiva de género. Es decir, que pueda prescindir de una profunda revisión del estado en que se encuentran estas relaciones, de cómo éstas han posibilitado la existencia de un poder discriminatorio y marginador de las mujeres y, a su vez, de cómo esto se ha conjugado con la existencia, desarrollo y fortalecimiento de un poder discriminatorio y marginador de otros sectores considerados débiles dentro de cada sociedad.

La mirada de género acerca de las relaciones sociales entre las clases y entre los sexos es profunda y radicalmente cuestionadora del poder que sobre ellas se levanta, se asienta y se refundamenta y reproduce día a día. Este cuestionamiento condición sine qua non de cualquier intento de modificar con equidad las relaciones entre clases y sexos históricamente establecidas , está en la base misma del enfoque y la propuesta de género. No es posible alterar esas relaciones sin alterar todo lo que sobre ellas y a partir de ellas se levanta. Esto quiere decir que la transformación radical del poder es condición a la vez que objetivo de las luchas de género, y viceversa: las luchas de género son o deben ser parte de las luchas por la transformación del poder.” (7)

II. Elaborar estrategias concretas para frenar la barabarie actual

El acoso voraz de la irracionalidad del mercado hacia la humanidad impone superar los horizontes y límites del pensar-actuar revolucionarios, concretamente, en lo referente a la necesidad de atender los problemas y demandas urgentes de la sobrevivencia humano-natural, conjugándolo simultáneamente con procesos de construcción de un proyecto estratégico orientado hacia su superación radical en un nuevo tipo de organización social. No puede pensarse lo estratégico por un lado y lo coyuntural por otro, vida-muerte es el límite que impone que no es posible cerrar los ojos, que la vida se juega ahora y que es ahora cuando hay que responder por ella. Y ello obliga a pensar estratégicamente en la sobrevivencia y a sobrevivir estratégicamente (y no es un juego de palabras).

Encontrar o construir puentes para resolver los problemas urgentes inmediatos de sobrevivencia exige que en los ámbitos nacionales se empeñen esfuerzos tendientes a conformar una suerte de frentes nacionales populares a favor de la vida, sobre la base de una amplia política de alianzas entre los sectores y actores sociopolíticos, lo que, a su vez, implica asumir propuestas de defensa y construcción (o reconstrucción) de la soberanía nacional.

Estos procesos y los proyectos sociopolíticos que los sustentarían aunque en su mayoría pueden inscribirse dentro de lo que Samir Amín define como una larga transición hacia el socialismo , no necesariamente tendrán una proyección socialista.

Estar atentos al advenimiento de la posibilidad u oportunidad

Pueden presentarse incluso, acontecimientos favorables para la apertura hacia posibles procesos de transición, es decir, procesos no intencionalmente previstos o planificados por algún actor político-social, sino que se presentan, simplemente, producto del curso de la dinámica de la correlación de fuerzas en pugna en los ámbitos local y regional, y de su coincidencia espacio-temporal con la trayectoria de las tendencias predominantes del movimiento social espontáneo, originando así el instante explosivo, la oportunidad histórica, que permite su emergencia o irrupción en la superficie social.

Dichos procesos, más que constituir ellos mismos una transición, resultarían apenas una especie de transición hacia la transición, una posibilidad hacia ella.(8)

Una posibilidad para crear condiciones para caminar hacia una perspectiva de transición, es decir, una oportunidad. Esta oportunidad no es la que emerge de un proceso preparado de antemano, no es el resultado directo de la acumulación orgánica –como sería el caso, por ejemplo, de la llegada de Lula a la Presidencia de Brasil , sino simplemente algo que sucede producto del movimiento social que, en medio del caos de innumerables luchas y tendencias en disputa, sin esperar a que maduren las fuerzas que se forman en su seno, transforma la tendencia o fuerza predominante en oportunidad histórica.(9)

La coyuntura que emana de allí abre al campo popular las ventanas a la posibilidad de imprimirle un sentido propio al curso de los acontecimientos, orientándolo hacia posibles procesos ulteriores de transición, pero no afirma siquiera la posibilidad misma, es decir, no asegura que ello sea posible. Indica que la disputa tiene un terreno favorable para desplegarse. Indica la apertura de un período en el que es posible fortalecer las fuerzas propias, ampliar la capacidad de comunicación y diálogo con las mayorías, consolidar las organizaciones, y construir propuestas concretas que favorezcan la profundización de la posibilidad hacia la apertura de un proceso claramente orientado hacia una transición de carácter socialista.

No existen garantías de éxito. La ambivalencia de las oportunidades que se abren o que podrían abrirse indica precisamente que los resultados pueden conducir a situaciones mucho peores que las iniciales, pues las variables que intervienen son múltiples y dinámicas: económicas, políticas, culturales... y los desafíos enormes. Pero tendremos que aprender a convivir con la incertidumbre, las ambivalencias y los riesgos.

En política, esto exige superar los conceptos finitos, acabados y cerrados, trabajar con conceptos abiertos, no terminados, transformar de última la concepción reduccionista positivista acerca de la verdad y la práctica. Pero nuestra estructura de pensamiento fue construida con fundamentos lineales, unidireccionales y unidimensionales, estáticos y dicotómicos. El concepto de estrategia, por ejemplo. En los años 60-70, parecía que de la definición de una estrategia correcta (científicamente argumentada) dependían –en lo fundamental- los aciertos políticos y el logro de la victoria. Sin embargo, la experiencia demostró que ello no era razón suficiente... Porque las estrategias no son en sí mismas la posibilidad del cambio, sino una puerta abierta hacia ellos.

Las estrategias solo pueden ser proyectos no terminados, insinuaciones prácticas que contribuyan a impulsar procesos, a orientar nuevos pasos, pero es necesario actualizarlas y enriquecerlas constantemente abriéndolas a las experiencias y posibilidades de la vida, de las luchas, de las construcciones y la creatividad sociales (10). El proceso de lucha, transformación y construcción de la sociedad reclama como imprescindible poder ultrapasar sus propias fronteras, en caso contrario irá enflaquecido y terminará ahogado por ellas.

Los caminos son abiertos; tenemos que estar abiertos también y dispuestos a ver los procesos que los pueblos pueden inventar y construir a partir de su imaginación, empeño, fuerza y voluntad. Asumir esto es parte de las tareas fundamentales que es necesario encarar en el orden cultural y, en particular, en el pensamiento. Sin ello, hablar de nuevo pensamiento estratégico será pura retórica, incapaz de trascender el ámbito de las poses revolucionarias.

III. Construir un nuevo tipo de poder y democracia

La transición contiene también a los modos, los ritmos y los alcances de las transformaciones que van gestando esa nueva sociedad, y a las nuevas formas de conformación y articulación del Poder que de ella emergen, es decir, de los poderes sociales que van modificando la relación existente entre sociedad-poder-estado, y sentando las bases democrático participativas para nuevas modalidades y relaciones entre ellos.

La cuestión de fondo, la transformación social, no se agota (no se resuelve) con la “toma del palacio de invierno”, pero tampoco renunciando a la disputa con el poder y a la imprescindible construcción simultánea de contrapoder popular.

Cambia la lógica: no se trata de “todo o nada”, tomar el poder y subordinar a ello todas las demás tareas y necesidades, sino de articular las luchas diarias por lo inmediato reivindicativo con procesos más amplios de transformación de la sociedad, teniendo siempre presente que ello implica a los actores-sujetos que la hacen posible transformándose a sí mismo en ella y mediante ella.

Pensar el Poder desde nuevas bases y desde nuevas articulaciones y relaciones sociales se transforma en una necesidad del desarrollo de la participación de la sociedad hacia formas superiores de intervención y protagonismo político. Resulta conveniente recordar que:

1.      En el proceso de acumulación se gestan los saltos –visibles o no-. La construcción de poder desde abajo estimula los saltos cualitativos y se apoya en ellos para su consolidación, ampliación y desarrollo.

2.      Los actores políticos del campo enemigo también actúan y acumulan; hacen y harán todo lo posible para frenar o abortar los procesos de acumulación cuando intuyan que son –o podrían llegar a ser una amenaza para sus intereses.

La relación entre socialismo, democracia y lucha contra la enajenación resulta un aspecto de primer orden a atender, por ser un articulador casi natural del proyecto, los sujetos y el tipo de poder en construcción.

Cuando reivindicamos la democracia no nos referimos a una democracia de los otros ni para los otros, sino a una democracia revolucionaria. En ese sentido es que apelamos a las nuevas prácticas desarrolladas por los actores sociopolíticos, para que inspirados en ellas , puedan irse ejerciendo y desarrollando en todos los ámbitos de nuestro quehacer.

Luchar integralmente para poner fin a la enajenación

En la perspectiva del proceso de transición al socialismo, la lucha contra la enajenación postulado inicial y fundante del pensamiento revolucionario de Carlos Marx , está presente integralmente en los distintos ámbitos del proceso transformación social, abarca todos los órdenes de la vida socio espiritual de las personas.

Las revoluciones socialistas realizadas hasta ahora más allá de los señalamientos críticos que se formulen , fueron un intento serio de eliminar la enajenación económica, y en cierta medida, en algunos aspectos, lograron avances respetables. En otros planos, por ejemplo, en lo cultural social, esta lucha fue apagándose cada vez más en la medida que más se alejaba de lo económico material. En ello influyeron fuertemente razones de orden político articuladas a concepciones mecanicistas que soslayaron la necesidad de (auto)transformación del mundo espiritual de la clase y sectores sociales populares, librándolo a la acción (automática) de los mecanismos económicos.

En declaraciones, el ser humano era el centro de la revolución, pero en los hechos reales, lo era la economía [¿causa?], el conjunto del plan, la planificación y las metas por cumplir. Así, los hombres y las mujeres “nuevos”, en vez de construirse con protagonismo y participación consciente y creciente en las transformaciones (auto-constitución y autotransformación), serían el “resultado” [¿efecto?] de las transformaciones económicas logradas –supuestamente- a partir de la existencia de la propiedad social sobre los medios de producción.

Los resultados de tal concepción atrajeron la mirada del mundo junto con la caída de las piedras del muro de Berlín. Ni hombres ni mujeres nuevas, ni sistema socialista de producción material y espiritual de la vida social; el Estado lo había invadido todo, tergiversando el postulado originario. En su extremo afán de afirmación y conservación buscó subsumir en él incluso las lógicas de la vida cotidiana y doméstica, distorsionándolas, y desarrollando nuevas formas de opresión de los seres humanos a través de ellas. Donde esto se hizo quizá más notorio fue en el ámbito político, por la escasa o nula participación y posibilidad de expresión política de sus ciudadanos y ciudadanas.

Reconocer y profundizar los derechos ciudadanos individuales y colectivos

Con mecanismos político autoritarios, centralistas y verticalistas, en las experiencias socialistas, de un modo u otro, se abrieron paso posiciones conservadoras con argumentos supuestamente revolucionarios que no toleraban la más mínima crítica u opinión diferente, que clausuraban cualquier aporte procedente de las bases. Poco a poco la arbitrariedad fue ganando terreno como forma de “gobierno” (en realidad debería hablarse de administración estatal), y se fue ensanchando la brecha inicial entre el partido (la vanguardia) y el resto de la ciudadanía la clase obrera y todo el pueblo socialista–, hasta hacerse insalvable.

Esto se tradujo en una retrotracción –de hecho de los derechos ciudadanos conquistados a través de la historia y, por tanto, en la imposibilidad no solo de su desarrollo a un plano superior, sino de su ejercicio real en el terreno individual o colectivo.

Por un lado, le fueron arrebatadas al pueblo de sus manos y de su conciencia las decisiones sobre el contenido de las transformaciones, sobre los pasos a seguir, los esfuerzos a entregar, y las decisiones sobre el curso del proceso revolucionario mismo.

Por otro y anudado a lo anterior se abrió paso la imposibilidad de ejercer los derechos civiles ciudadanos individuales, por ejemplo, las limitaciones a las iniciativas individuales y grupales en la economía, las limitaciones o arbitrariedades respecto a la propiedad personal, la escasa disponibilidad y acceso a equipamiento electrodoméstico capaz de aligerar la carga familiar, particularmente de las mujeres, la propagación del falso igualitarismo, etc. Por ese camino se produjo un creciente alejamiento y un ajenamiento de lo que debió haber sido apropiación. La alienación política heredada lejos de disminuir tendió a incrementarse, llegando a provocar en algunas experiencias del socialismo real un quiebre total entre el régimen político, la vida de los dirigentes y la del conjunto del pueblo, sus aspiraciones, anhelos y necesidades.

Se instaló en las sociedades la convicción de la imposibilidad de movilidad social y la falta de perspectivas y esto, de conjunto, contribuyó a la formación de sentimientos crecientes de insatisfacción, instalando de modo generalizado la sensación de inferioridad, frustración y de opresión. El capitalismo se apropió lentamente de la fantasía de las personas y de sus sueños con un modo de vida mejor. A ello se dedicaron grandes esfuerzos y recursos desde los centros del poder mundial del capital, eso está claro, pero ello no invalida el hecho de que –desde dentro de las experiencias socialistas acontecieron deformaciones y arbitrariedades como las mencionadas. Es necesario reflexionar sobre ello crítica y superadoramente, con visión de futuro, de un futuro de felicidad que está todavía por construir colectivamente. Porque eso representa el socialismo: la posibilidad de la felicidad.

Prácticas como aquellas no deben repetirse, pero para ello, además de reflexionar sobre lo ocurrido, tenemos que estar atentos y actuar consecuentemente. Un paso imprescindible en tal sentido, consiste en incorporar plenamente a la gesta emancipadora la lucha por la democracia, por el derecho a las diferencias y a lo diferente o, lo que es lo mismo, por el respeto a los derechos individuales, considerándolos también parte sustancial de la lucha por la liberación humana, es decir, por la eliminación de todo tipo de enajenación, particularmente la enajenación política (de amplio espectro socio cultural). Es imprescindible hacer de esto un componente central de todo el proceso de transición hacia las sociedades socialistas futuras, concientes de que éstas se construyen a cada paso, en cada resistencia, en cada lucha, en cada organización social, política, reivindicativa, etcétera, en nuestros ámbitos de vida comunitaria y familiar, y en cada uno de nosotros.

Para ello resulta central desarrollar formas de participación consciente (y creciente) de los distintos sectores y actores sociales en cada etapa del proceso, a la vez que incorporar las que nazcan de su ingenio y creatividad en las luchas y construcciones.

Correspondencia entre medios y fines

Hay resulta frecuente escuchar, por ejemplo, acerca de la necesidad de apelar a la participación popular para buscar soluciones estables a los problemas. Generalmente se enfatiza en la participación en la gestión, en los modos de efectivización de decisiones tomadas en otras esferas, pero son escasos los ejemplos de participación popular en la toma de decisiones. Y es fundamental insistir en ello para profundizar la democracia. Pero además, para fortalecer su radicalidad crítica, es vital contemplar también –y con fuerza la participación popular en el control de los resultados, en el control de todas las gestiones, decisiones e instituciones colectivas, sectoriales, sociales, económicas, o políticas. No pocas veces se apela al control popular para ser ejercido a partir de determinados niveles jerárquicos hacia abajo, o sea, excluyendo de él a las máximas direcciones políticas, de instituciones del Estado o gobierno. Estas serían –en tal caso las que llamarían al control popular limitándolo a los niveles intermedios y de ahí hacia abajo. Por esta vía quedan abiertos los caminos y las posibilidades de manipulación política de los sectores populares y el oportunismo de arribistas y burócratas siempre dispuestos a “hacerle el favor” a algún funcionario de turno en aras de su propio escalamiento jerárquico partidario, estatal o gubernamental.

La democracia de nuevo tipo debe tender a instaurar el control popular pleno, auténtico y coherentemente soberano. En caso contrario los procesos futuros de transformación no quedarán exentos del acecho de despotismos, autoritarismos, personalismos, nepotismos, etc. Comenzar desde ya y desde abajo a construir esa nueva cultura de responsabilidad colectiva, es parte importante de la lucha contra la enajenación político social de quienes serán los nuevos hombres y las nuevas mujeres.

Democracia radical en todos los ámbitos de la vida social familiar e individual donde existan relaciones de poder, equidad de género en primer lugar, pluralismo, respeto a las diferencias y a los diferentes, desarrollo pleno de la participación popular resultan –entre otros , elementos estructuralmente articulados a las aspiraciones a un nuevo tipo de sociedad y a la concepción de la construcción de poder desde abajo. Y esto indica una interdependencia radical entre ellos, parte de la génesis de lo nuevo que va haciendo realidad y exigiendo coherencia entre medios y fines. No puede dejarse para mañana.

Redefinir la política y quiénes la hacen

La articulación de las luchas por la defensa de la vida y la construcción de una nueva civilización humana, orienta y define hoy los sentidos y contenidos de la política y lo político, las alternativas, los proyectos transformadores, y quiénes los diseñarán y harán realidad. En esta perspectiva la política es y solo puede ser ámbito y responsabilidad de mayorías.

La defensa de la vida no es patrimonio de nadie, compete a todos y todas. Sobre la base de la participación político-social de las mayorías, la acción política debe orientarse a concentrar esfuerzos destinados a la construcción de las articulaciones y las herramientas organizativas, proyectivas, culturales, necesarias para hacer posible que el anhelo de sobrevivencia colectivo –que a mediano y largo plazo supone la transformación-superación radical de las sociedades regidas por el capital- sea una realidad.

El eje de la construcción se traslada de las vanguardias a los pueblos. Para la izquierda, esto supone replantearse la construcción de proyectos políticos concretos desde nuevos parámetros, capaces de atender –en lo inmediato- las urgencias de la sobrevivencia humano-natural, integrándolos en un proceso mayor, complejo multifacético y prolongado de transición orientado a la creación y construcción de transformaciones encaminadas a la creación de una nueva civilización humana socialista.

Son las tareas las que definen los actores-sujetos, el proyecto y los instrumentos. Resulta entonces necesario también –en función de lo anterior re-construir el ámbito de lo político, en particular el tipo de organización política. Ésta debe resultar apta para tender los puentes que articulen a los actores sociales fragmentados, sus problemáticas y aspiraciones, recreando el ámbito político, haciendo de la política una actividad colectiva, protagonizada por el pueblo. Rearticulado como actor político fundamental, (auto)constituido en sujeto popular, el pueblo es el único capaz de llevar adelante la colosal tarea político-cultural de cambiar de raíz y desde adentro –local y mundialmente- los destinos actuales de la humanidad, avanzando hacia una nueva civilización, la civilización socialista re-creada por todos. Y es esa gran tarea político-social la que tiene que ser organizada, orientada y estimulada desde las organizaciones políticas; esa es una de las labores de conducción estratégica que deben desarrollar.

Hasta hace poco, las lógicas predominantes del pensar actuar revolucionario erigían un muro insalvable entro lo cotidiano y lo político, entre lo reivindicativo social y lo político general, y contraponían un ámbito con otro, sus problemáticas y sus actores. Y por tanto, también respecto de la construcción de soluciones posibles, de propuestas, respecto de las resistencias y las luchas, de los modos de organización, y las capacidades y la conciencia de los actores protagonistas. La fragmentación y estamentación de la sociedad se interpretó como el modo de existencia de la totalidad, y por la misma vía se intentó su reconstrucción (método puzzle).

En ese contexto la política era considerada un estadío jerárquicamente superior respecto de las prácticas de las luchas sociales y la conciencia en ellas construida. Contraponiendo lo social a lo político, se pretendía que tener conciencia política implicaba el abandono de lo reivindicativo para dedicarse a la militancia político partidaria. Esta era –supuestamente- la única vía para superar la conciencia economicista alienada y la enajenación en sentido general, pero se transformó en un camino de despojo de responsabilidades y protagonismo de la clase obrera, y de todo el pueblo, por parte de los partidos “de vanguardia”, profundizando la enajenación político-cultural.

Se trata de simultanear espacios, de articular una multiplicidad de ámbitos, problemáticas, tareas y actores-sujetos de la transformación en un proceso colectivo de madurez de la conciencia política, que es a la vez saber, organización, imaginación, propuestas, acción, poder (11). La articulación de lo reivindicativo y lo político, además de lo ya mencionado, traza un camino concreto de lucha contra la alienación política y por la democratización de la participación político-social protagónica los diversos actores sujetos. Con esa potencialidad, pensar en un nuevo tipo de Poder social de la sociedad, deja de ser una especulación o una pose intelectual de unos pocos elegidos, para transformarse en una necesidad del tránsito desarrollo hacia formas superiores de organización de la sociedad.

Construir un nuevo tipo de organización política

Estos planteamientos cuestionan radicalmente las hasta hace poco prevalecientes concepciones de la vanguardia política, del partido político como única expresión y representación política válida de los sectores sociales y de las relaciones políticas entre ellos.

Cada día se abre paso con fuerza creciente la necesidad de fundar un nuevo tipo de organización política –sociopolítica, no tengo ahora un término más adecuado , con nuevas formas de organización de las bases –a partir de la participación general individual o colectiva en las propuestas, en las decisiones, en las ejecuciones, que abra paso a la fructificación de la fantasía, creatividad e iniciativa de los pueblos.

Esto habla también de un nuevo tipo de militante, que en vez de limitarse a llevar las ideas y propuestas del partido hacia la población en el supuesto de que ella es solo “fuerza material de realización de las ideas-verdades del partido” , sea capaz, no solo de invertir dicha lógica, sino también de concertar voluntades, abrir los espacios a las mayorías, conciente de que los desafíos reclaman su involucramiento pleno. Como señala Joao Pedro Stédile, referente del Movimiento Sin Tierra, de Brasil: “ ...es necesario hacer trabajo de base, lo que significa para la militancia social dedicarse a hacer trabajo de base y de organización nuclear del pueblo. Necesitamos colocar nuestras energías para ir hacia donde el pueblo vive y trabaja, y organizarlo. (...) Sin organizar al pueblo no se va a ningún lugar, y muchas veces [parte de la militancia] se ilusiona con eternas reuniones de cúpula o meros discursos explicativos acerca de la coyuntura.” (12)

Es imprescindible abrir espacios, empeñarnos de un modo consciente y voluntario en construir desde abajo, convocar a sectores y actores sociales diversos a la construcción de ámbitos sociopolíticos de gestión local, nacional y regional de lo político y la política, encaminados a construir una conducción política plural que reúna a los diversos actores sociopolíticos del proceso de transformación social, articulados orgánica y horizontalmente.

Construir y desarrollar prácticas y relaciones horizontales en lo organizativo, en el pensamiento y en la acción, resulta un componente de suma importancia, sobre todo si tenemos en cuenta que el proceso de construcción orgánico-política comprende también la formación de una nueva mística, que se fortalece y fructifica cuando entre la forma de organización, funcionamiento y prácticas de conducción entre la dirección y en las bases , no existen diferencias de principios. Y esto se articula con el reclamo generalizado e imprescindible de democratización de los diferentes espacios, entre ellos, el de la toma de decisiones, el de la dirección de los procesos. Con conducciones elitistas y autoritario verticalistas es imposible construir organizaciones basadas en criterios democráticos de participación desde abajo. Y esto, aunque cueste admitirlo, es aún parte de los obstáculos que existen en la relación entre los partidos y organizaciones de la izquierda tradicional (nueva o vieja) con las organizaciones sociales (y viceversa). Pero esta situación no se revierte solo con palabras; es necesario transformar de raíz el contenido de la política, ampliar su ámbitos y sus formas de hacerla, es decir, también sus organizaciones, sus modos de representación.

El rechazo a las propuestas vanguardistas o neo-vanguardistas (la vanguardia se reparte entre varios partidos que se agrupan), los planteamientos de horizontalidad en las relaciones de organizaciones políticas y sociales, y como la promoción de ámbitos multidisciplinarios o multisectoriales, apuestan a construir instancias colectivas de conducción del proceso socio transformador. Está claro que sin dirección política consciente y organizada de los procesos sociales no logrará articularse un proceso permanente de transformación de la sociedad. Pero nadie se constituye en dirección política por el solo hecho de desearlo (13). La conducción política precisa construirse colectivamente, y esto supone: el desarrollo de un proceso de construcción creciente de protagonismo de los diferentes actores sociopolíticos, la realización de experiencias organizativas y sociopolíticas concretas, y de la maduración de voluntades de articulaciones entre ellos.

De ahí que sea importante atender cómo estas tendencias a una dirección colectiva se van manifestando y ejerciendo en las prácticas actuales de resistencia, lucha y acumulación, atender cómo se llevan a cabo las articulaciones multisectoriales, sobre qué bases, y preocuparse por construir –a partir de allí formas y vías democrático participativas colegiadas, plurales, abiertas a la vida y al protagonismo real y creciente de los diversos actores sujetos de las transformaciones.

Esto reclama también resignificaciones en la concepción de la unidad, supone revalorizar el derecho a la diferencia atendiendo a las nuevas dimensiones que la diversidad de actores, de identidades y de problemáticas le imprime a la necesaria unidad, enriqueciéndola y proyectándola hacia nuevas figuras y modos de organización sociales, políticas, culturales e ideológicas. Esto resulta clave tanto para las prácticas concretas de construcción como para la construcción del nuevo pensamiento de la transformación social. Constituye, por ello, parte de los actuales desafíos.

IV. Instalar otro imaginario social

El desarrollo de valores como la solidaridad social e individual resulta vital para construir una sociedad (y un mundo) sin sectores desamparados o excluidos, sin relaciones discriminatorias y discriminantes, basado en la equidad de género, razas, escogencia sexual, culturas, en la igualdad de oportunidades, en la justicia social, etc. Como sustrato del nuevo tipo de relaciones sociales y de la nueva sociedad que se quiere construir, el desarrollo práctico de estos valores resulta parte sustantiva del proceso de resistencia lucha transformación construcción.

En él se irá creando e instalando otro imaginario social, que no llamo paradigma porque es mucho más que eso, exige más y supone más. Hasta hace poco, ese imaginario se resumía en el socialismo real; hoy afirmamos la vigencia del ideario socialista, pero sabemos que el socialismo que viene será obra de la creación, fantasía y empeño colectivos, hemos aprendido que se trata de un sistema social abierto en jaque y desarrollo permanente, que –para ello necesita enriquecerse con la crítica creativa y práctica de los pueblos.

La coherencia entre medios y fines, la creación y construcción de modos de vida diferentes a los del capital en territorios concretos, que instalen la solidaridad como base de las relaciones humanas en la vida comunitaria y familiar, en las organizaciones sociales y políticas, contribuirá a darle un fundamento material y espiritual a nuestro ideario socialista y a nuestras luchas para construirlo. Sabemos que no es posible alcanzar plenamente formas superiores de vida social, de modo aislado y bajo el predominio de la lógica perversa del capital, pero sí avances sustantivos en tal dirección. Estos constituyen reservorios de esperanzas y surcos donde se fortalecen las voluntades para avanzar en el proceso de la larga transición. Ella reclama precisamente empeñarnos en construir paso a paso lo nuevo con coherencia y transparencia entre el modo de vivir y el de actuar. En un mundo dominado por el capital, que contrapone cada vez más esquizofrénicamente el modo de pensar con el de actuar, lo que se dice con lo que se hace, que propugna la estafa como valor de toda relación social, ser coherentes, estimular relaciones solidarias y de respeto entre los seres humanos no resulta un detalle menor, al contrario, es alimento de la fantasía, del deseo y la voluntad colectivas, fuente de energía y fuerza para continuar.

Disputarle los sueños y la fantasía al capital

Tenemos que construir nuestro mundo espiritual e ideal rodeándonos de nuestras propias hadas y duendes, no rendirnos ante los decadentes centros comerciales que estimulan nuestra subjetividad y pensamiento para manipularnos en aras de convertirnos en “animales de consumo”.

Tenemos que construir nuestros escudos de fantasía que –elevándonos nos tornen inmunes a los espejismos del mercado, y que a la vez actúen como brújulas que orienten nuestros pasos en dirección a la nueva civilización. Hacia ella en larga marcha nos proyectamos individual y colectivamente, adelantándola en nuestras prácticas la imaginamos siempre mejor, y en esa imaginación nos inspiramos para estimular nuestros deseos y sueños y atizar la voluntad para realizarlos.

 
Ser millones

Tenemos que ser millones; conquistar la cabeza y el corazón de millones y millones de seres humanos. Solamente cuando la aplastante mayoría de la población en cada uno de nuestros países comprenda la mentira y el fraude del capitalismo para con sus propias vidas, cuando descubra la trampa mortal a la que los ha conducido mediante engaños, tendrá deseos de explorar nuevos caminos. Y es nuestra responsabilidad ir mostrándole algunas perspectivas posibles, a través de nuestras prácticas nuevas, del desarrollo de relaciones solidarias, ir invitándolos a compartir y crear juntos ese modo de vida nuevo profundamente humanista, socialista.

En este empeño es fundamental preocuparnos por modificar nuestras modalidades de trabajo político militante, generalmente concentrado en la difusión del periódico de la organización, en la participación en las reuniones, en las asambleas y en los congresos... Esto hay que hacerlo, no lo rechazo, solo que no basta, es apenas el comienzo de las tareas; el problema actual es de tal magnitud que no basta con la movilización de las vanguardias o los activistas. Hay que llegar a convocar a los millones que no están. En este empeño, considero tarea de primer abrir nuestro campo de acción política ideológica a los medios de comunicación masiva, crear medios propios siempre que sea posible, apelar a la Internet y otras modalidades, vídeos, CD educativos, radio, novelas, desarrollar expresiones artísticas teatrales, danzarias, musicales, etc. La batalla actual por la conquista imperialista del mundos.

Origen e Historia del Término Neoliberalismo

No se puede dar una definición estática de neoliberalismo debido a que su significado ha ido cambiando en el transcurso del tiempo y no es idéntico en todos los países del planeta. Es necesario, por ello, señalar los cambios de significado que han culminado en su uso a comienzos del siglo XXI, y las diferencias regionales en los países de habla castellana a los que está dirigida esta enciclopedia.

Las pesquisas realizadas sobre el tema [1] revelan que la palabra fue usado por primera vez, de manera asistemática, por destacados economistas liberales, entre los que se cuentan:

  • Ludwig von Mises. La edición inglesa (1927) de su libro Liberalismus usa el término neoliberalism para traducir lo que en alemán von Mises denominó neuen Liberalismus (nuevo liberalismo). En este libro Von Mises usa el término para designar a los socialistas que se hacen pasar por liberales (término que después reemplazó por pseudoliberales), mientras que en su posterior libro, Socialismo, lo aplica a los liberales partidarios de la entonces nueva teoría subjetiva del valor, como Karl Menger.
  • Louis Baudin, en su obra de 1953, L'aube d'un nouveau libéralisme (El alba de un nuevo liberalismo), relata que el término neoliberalismo fue deliberadamente acuñado y usado para su posterior difusión en el coloquio de destacados pensadores liberales realizado en París en agosto de 1938, cuando ya se anunciaba la inevitabilidad de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo fue diferenciarse de la entonces desacreditada escuela liberal clásica, a la que se atribuía una importante responsabilidad por haber llegado a ese callejón sin salida. Participaron en el coloquio destacados economistas liberales como Rueff, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Alexander Rustow, Wilhelm Röpcke, Detauoff, Condliffe, Polanyi, Lippman y Baudin.
  • Edgar Nawroth, en su libro Die Sozial-und Wirtschaftsphilosophie des Neoliberalismus (1961), califica como neoliberales a la Escuela de Friburgo (Eucken y Müller-Armack, entre otros) y de Munich (Erhard y Kruse, entre otros), detacando las contribuciones de Wilhelm Röpcke y de Alexander Rustow.
  • Economistas del Centro de Investigación para la Comparación de Sistemas de Dirección Económica de la Universidad de Marburgo definieron al neoliberalismo como:

Un concepto global bajo en que se incluyen los programas de la renovación de la mentalidad liberal clásica, cuyas concepciones básicas del orden están marcadas por una inequívoca renuncia a las ideas genéricas del laissez faire y por un rechazo total a los sistemas totalitarios

.

Entre los rasgos esenciales del neoliberalismo incluyen la garantía legal de la libre competencia y la convicción de que al libre mercado deben agregarse otras consideraciones sociales. Esto parecía hacer al neoliberalismo un sinónimo de la Economía Social de Mercado, aunque esta visión es discutible.

  • Alfred Müller-Armack, uno de los creadores de la citada Economía Social de Mercado, acusa a los neoliberales (que no identifica con precisión) de "no haber prestado la debida atención a los problemas sociales y sociológicos".[2] De su obra surgen como posturas extremas el liberalismo tradicional o paleoliberalismo, el neoliberalismo que se le opone, y la intermedia Economía Social de Mercado.
  • En Latinoamérica el término suele usarse de modo retórico con alto contenido ideológico. Los opositores al liberalismo en general identifican al neoliberalismo con el conjunto de políticas recomendadas en la década de 1990 por el Consenso de Washington y con los gravísimos problemas sociales surgidos de su aplicación incondicional (proponen como ejemplo a la crisis Argentina de 2001). Los adherentes al liberalismo señalan en cambio, que el liberalismo bien aplicado conduce a éxitos económicos como los supuestamente obtenidos en Chile.

Es falsa, por lo tanto, la repetida afirmación de que ningún liberal se ha considerado nunca a sí mismo como un neoliberal. En la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, el término ha sido crecientemente usado por los medios de comunicación con carácter peyorativo.[cita requerida]

En consecuencia, y como es también usual con las diferentes acepciones del término liberal, no se puede hablar de una definición universalmente aceptada, uniforme en el espacio y constante en el tiempo, sino sólo de usos del término neoliberalismo en diferentes contextos.

  1. El mito del neoliberalismo por Enrique Guersi
  2. Müller-Armack, Alfred; Economía dirigida y economía de mercado. p 226 (1963)

Definición

Las características más frecuentemente invocadas de un sistema de políticas neoliberales son:

  • En política económica internacional: el énfasis en la libre circulación de los capitales (ya que el libre comercio es común a todas las teorías liberales). Quienes apoyan la posición neoliberal argumentan que el libre flujo de las inversiones resultante favorece a los países pobres, que reciben aportes de capital de los países ricos.
  • En política económica interna: la minimización de la intromisión de los gobiernos en los mercados (especialmente el laboral), la privatización de las empresas públicas y el desmantelamiento del Estado Benefactor. Los críticos de estas políticas les adjudican los problemas crecientes de tensión, exclusión y violencia social asociandos a su aplicación indiscriminada.

Estas políticas son principalmente impulsadas desde el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismos que no dependen de las Naciones Unidas y están por ello exentos del control directo de la comunidad internacional de países. En la práctica estas políticas toman como modelo de economía (salvo en lo referente al proteccionismo) a la estadounidense. En Latinoamérica se suele identificar a las políticas neoliberales con las establecidas en el llamado Consenso de Washington, término acuñado en 1989 por el economista John Williamson para referirse al tipo de políticas fiscales y monetarias recomendadas para los países en desarrollo por los organismos con sede en Washington (Banco Mundial, FMI y Tesoro estadounidense, entre otros). El auge de las políticas neoliberales se produjo durante el gobierno de la Primer Ministro británica Margaret Thatcher, políticas luego imitadas por el presidente estadounidense Ronald Reagan.

El término neoliberalismo es cuestionado por muchos economistas por no corresponder a ninguna escuela bien definida, ni siquiera a un modo especial de describir o interpretar las actividades económicas (aunque probablemente sí de explicarlas). Se trata de un término más bien político o ideológico, frecuentemente usado por los medios de comunicación y algunos intelectuales, que debería ser reemplazado por políticas neoliberales. La mayoría de los que desde el progresismo son calificados como neoliberales, se consideran a sí mismos simplemente liberales.

Etimológicamente, el término significa nuevos liberales y nace de la necesidad de diferenciar el liberalismo económico previo a la Segunda Guerra Mundial, de los surgidos durante la Guerra Fría. Algunos autores identifican al neoliberalismo con el liberalismo austríaco, que en realidad es sólo una de las escuelas liberales de nuevo cuño a las que alude el prefijo neo. La bonanza económica estadounidense de la posguerra, permitió que el liberalismo recuperara prestigio.

A continuación se dan las principales características que definen y diferencian las políticas neoliberales de las tradicionales.

Diferencia entre liberalismo y neoliberalismo

La diferencia principal que se le atribuye con respecto al liberalismo clásico es que en éste se sacraliza el mercado hasta el punto de considerarlo el motor del progreso humano. En el liberalismo económico se entiende que el libre comercio y las leyes del mercado deben ser salvaguardadas para que la mano invisible pueda gobernar en interés de todos. El neoliberalismo, en cambio, va más allá. Las leyes de los países deben plegarse al mercado y no al revés. El poder político no debe, según ellos, tener influencia alguna en las relaciones económicas entre los agentes, aunque ello vaya en detrimento del propio país que lo permite a corto plazo, puesto que a largo plazo se conseguirá un incremento del bienestar de toda la sociedad. Así pues, a diferencia del liberalismo el neoliberalismo rechaza de plano cualquier política intervencionista que regule en lo más mínimo a las transacciones. Se opone a cualquier medida proteccionista. Propugna que el interés particular de cada individuo y su competición con sus vecinos hará que la sociedad se mueva sola hacia el interés común de ésta.

Historia del Neoliberalismo. Antecedentes

Esta corriente liberal extrema surgió como contrapunto al keynesianismo en el contexto más convulsionado del siglo XX. El keynesianismo, llamado así por su principal impulsor John Maynard Keynes, propugnaba la temporal intervención del estado para resolver los problemas de desempleo. Con la Primera Guerra Mundial y la Depresión de 1929 se perdió la confianza en la doctrina liberal. De forma paralela surgió el auge de los fascismos, anunciados como solución a los fallos del capitalismo. Asimismo, parecía dar razones al comunismo ya que Rusia no se vio tan afectada por la crisis al ser éste un régimen de economía centralizada. La burguesía que se sustententaba ideológicamente en el liberalismo y el librecambismo en seguida vio con buenos ojos la solución fascista al problema liberal ya que parecía ser la única alternativa buena para preservar sus negocios y privilegios ante el avance de los socialismos, ya que el fascismo si bien es fuertemente intervencionista no es anticapitalista y defiende férreamente la división clasista de la sociedad. En el mundo obrero el acogimiento estuvo más repartido entre ambas corrientes. Siendo Alemania un caso único al desaparecer de ella casi toda la conflictividad obrera y volcarse su ciudadanía al completo en torno al Führer.

El delicado equilibrio de fuerzas entre los dos bloques antagónicos, fascismo y comunismo, acabó por estallar durante la segunda guerra mundial. El resultado de la invasión nazi de la Rusia soviética supone el descrédito final y definitivo del fascismo desde el momento en que empieza a sufrir derrotas militares de manos de quienes ellos suponían inferiores.

El resurgimiento del modelo

Ante el nuevo mapa político que se dibuja, tras la toma de Berlín a manos del Ejército Rojo, empieza a resurgir la idea de oponerse de forma clara y visceral a la planificación económica del Gosplan soviético. Empieza la guerra fría y en ese contexto se traza el mapa del Nuevo Orden. Así mismo tras la guerra mundial se reinstaura el libre mercado y las reglas del cambio monetario. Amparado por la primera potencia mundial el plan neoliberal se irá imponiendo progresivamente hasta el dominio actual.

El neoliberalismo empieza a construirse en los años cuarenta con importantes ideólogos, como Friedrich Hayek o Milton Friedman, partidarios de las escuelas Austríaca y de Chicago respectivamente, que revitalizan la ideología liberal con los nuevos ingredientes de la lucha contra el comunismo y cualquier movimiento de izquierda amparándose en la lucha contra la intervención tanto del Estado como de cualquier estamento de sociedad en el mercado capitalista. Pero no logra expresarse hasta las crisis de los años 70 desencadenadas, fundamentalmente, por la crisis del petróleo del año 1973. Se dice que el estado es el problema, no la solución. Durante esa década EE.UU. abortará los intentos transformadores de Chile promoviendo el golpe de estado por parte de Augusto Pinochet. Siguiendo la máxima neoliberal de que ningún estado debe anteponerse a los intereses empresariales Kissinger, en 1973, dirá: "No podemos dejar que Chile se vuelva marxista porque su pueblo serà irresponsable".

Esta nueva doctrina liberal alcanzará su plenitud durante los años 1980 con la llegada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher al poder en EE.UU. y el Reino Unido respectivamente. Ambos se centraron en la única piedra que detenía el avance de sus ideas, el Bloque soviético. El avance del neoliberalismo en Europa se detenía en el Atlántico propiciado, sobre todo, por la siempre presente espada de Damocles del comunismo. Es en esos años cuando Francis Fukuyama lanzará su famosa cita de el fin de la historia. Pero no será hasta la década de los 90, con el desmantelamiento de la URSS, cuando, por fin, esta ideología observe su máxima expansión a lo largo de todo el globo. Las socialdemocracias europeas instaladas, hasta entonces, como contrapeso social, pero liberal a la vez, sufrirán retrocesos en el estado del bienestar una vez que la amenaza comunista ha desaparecido. Se preconiza que el neoliberalismo es la solución a todos los problemas pero pronto surgen las primeras dificultades.

Teoría Keynesiana:

La Teoría Económica de J.M. Keynes

CAPITULO I: INTRODUCCIÓN E IDEAS FUNDAMENTALES.

The General Theory of Employment, Interest and Money de J.M. Keynes tiene las siguientes características fundamentales:

1- el carácter general de la teoría; 2- el papel del dinero; 3- la relación entre el interés y el dinero; 4- la inversión; 5- la incertidumbre de futuro.

1- Una teoría general: su teoría se ocupa de todos los niveles de empleo en contraste con la teoría clásica que se limita al empleo total. El propósito de Keynes es explicar qué es lo que determina el volumen de empleo en un momento dado ya sea empleo total, paro o intermedio. La escuela clásica supone que el sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción hay una tendencia al empleo total. Keynes intenta demostrar que la situación normal del capitalismo del laissez faire se desarrolla en una situación fluctuante de la actividad económica que recorre toda la gama de empleo con un nivel característico que se ubica bastante por debajo del empleo total de los clásicos que suponen una teoría del equilibrio estacionario mientras que Keynes supone una teoría del equilibrio cambiante. Otro aspecto general de la teoría es que explica la inflación con tanta facilidad como el paro ya que ambos dependen del volumen de la demanda efectiva. Cuando ésta es deficiente se produce el paro y cuando es excesiva la inflación.

La teoría keynesiana se refiere a los cambios en los niveles de empleo y a la producción en el sistema económico en su conjunto, en contraste con la teoría clásica que se basa en el individualismo de la empresa singular.

2- LA TEORÍA DE UNA ECONOMÍA MONETARIA: El dinero, para Keynes, desempeña tres funciones:

a-Medio de Cambio.
b-Unidad de la Cuenta.
c-Acumulador de valor (esta es la función más importante para la economía monetaria que define Keynes). Los que tienen más renta y riqueza de la que consumen pueden acumular este exceso de varias formas: atesorar dinero (no obtienen renta), prestar dinero (obtienen el interés) o invertirlo en algún tipo de bien de capital (se espera obtener beneficios). En el prestar o en el invertir existe una situación de incertidumbre que no aparece en el atesoramiento. Cuando los poseedores de riqueza prefieren atesorar más que prestar o invertir la producción de riqueza social real está en desventaja.

3- EL INTERÉS COMO PREMIO POR NO ATESORAR DINERO:

El interés es la recompensa por transferir la disposición sobre la riqueza en su forma líquida. El tipo de interés depende de la intensidad del deseo de atesorar o de lo que Keynes llama preferencia de liquidez. Cuanto mayor es la preferencia de liquidez, más elevado es el tipo de interés que hay que pagar. Un aumento de los tipos de interés tiene a reducir la demanda efectiva y, en tiempos normales, a originar paro. La explicación teórica fundamental de Keynes sobre el paro se basa en las propiedades peculiares del dinero y del interés.

4- LA INVERSIÓN COMO IMPORTANTE FACTOR DETERMINANTE DEL EMPLEO:

en una sociedad caracterizada por la desigualdad en la distribución de la riqueza y de la renta, la capacidad económica de la comunidad para consumir es limitada. En consecuencia hay un exceso potencial considerable de recursos por encima de los necesarios para producir bienes de consumo. Este exceso tiene que dedicarse a la producción de cosas que no se han de consumir habitualmente. Esta producción se llama inversión. La distinción consumo-inversión es fundamental para Keynes, su teoría simplificada es: el empleo depende de la cantidad de inversión, el paro es originado por una deficiencia en la inversión. El empleo en la actividad de inversión ayuda a mantener la demanda de la producción existente de bienes de consumo.

Clave para la comprensión de la teoría keynesiana del empleo: ¿cuál es la causa de que la inversión fluctúe y de que esté característicamente por debajo de la cantidad necesaria para el empleo total?

5- LA IRRACIONALIDAD PSICOLÓGICA COMO CAUSA DE LA INESTABILIDAD:

La inversión fluctúa porque el conocimiento presente del futuro descansa en una base precaria y, por lo tanto, las decisiones que conciernen al futuro incierto son también precarias y están sujetas a revisión repentina y precipitada. Como la inversión es producción de bienes que no son de consumo actual, está relacionada con el futuro de una manera directa. El inversor potencial tiene que guiarse por sus previsiones para llegar a su decisión de construir o no una fábrica.

A causa de la poca confianza que tiene los inversores en sus propias opiniones, tienden a confiar en el juicio de la mayoría. Keynes los llama juicios convencionales, éstos se convierten en la base del comportamiento del mercado.
Esto contrasta con la teoría clásica que supone la existencia de un equilibrio entre opiniones optimistas y pesimistas individuales.

CAPITULO II: EL FONDO CLÁSICO.

La General Theory guarda la misma relación con la teoría clásica que La riqueza de las naciones de Adam Smith tiene con el mercantilismo.
La teoría clásica está basada en el supuesto del empleo total del trabajo y de los demás factores de producción. Los períodos en que no se da el empleo total son considerados como "anormales". Afirma que existe una tendencia hacia el empleo total. Si la perturbación persiste la culpa recae sobre la interferencia gubernamental o de los monopolios privados sobre el laissez faire del mercado.
La célebre teoría del valor, de la distribución y la producción es lo siguiente: se presupone el empleo total, se prosigue explicando cómo se adscribe a la producción un volumen dado de elementos y cómo se distribuye la renta derivada de la producción entre los diferentes tipos de elementos que participan en la producción; las fuerzas del mercado que adscriben los elementos a la producción y determinan las recompensas en la distribución, son la oferta y la demanda. Las relaciones generales de éstas dos determinan los valores relativos de los elementos de producción y de las mercancías singulares.

Expresados en dinero, éstos valores son los precios, y el sistema que fija los precios es el mecanismo planificador inconsciente que lleva a los particulares, cuando buscan el máximo rendimiento, a utilizar todos los medios del sistema económico.

La teoría clásica es un estudio de las utilizaciones alternativas de una cantidad dada de medios de producción ocupados. La teoría de Keynes se ocupa de las variaciones del volumen de producción y del empleo en el sistema económico en su conjunto como resultado de las fluctuaciones en la cantidad de los medios de producción empleados.

Ley de J.B.Say: toda oferta crea su propia demanda. Esta ley es la que otorga la base para la suposición de la teoría clásica en relación al empleo total como situación normal. Crear la oferta su propia demanda quiere decir que todo productor que trae mercancías al mercado las trae tan sólo para cambiarlas por otras mercancías. La única razón para el trabajo y la producción es el disfrutar la satisfacción de consumir. La oferta adicional es demanda adicional. esta ley de Say constituye una negación de la posibilidad de superproducción general, una negación de la posibilidad de una deficiencia en la demanda adicional.

En una economía de cambio esta ley significa que el gasto siempre será suficiente para mantener el empleo total, la justificación clásica del empleo total como normal se basa en el supuesto de que la renta se gasta automáticamente a un ritmo que mantendrá empleados todos los medios de producción.

LA SIGNIFICACIÓN DEL EMPLEO TOTAL Y EL PARO.
La teoría clásica supone que no hay paro involuntario, que todos los que quieran trabajar podrán hacerlo. En condiciones de competencia libre entre los asalariados, para Pigou, los tipos de salarios bajan por la presión del paro, hasta que todos los que quieran trabajar puedan encontrar trabajo. Este es distinto del paro voluntario (cuando los obreros potenciales no aceptan salarios un poco inferiores a los normales) y del paro por fricción (cuando hay personas que dejan de trabajar temporariamente por imperfecciones en el mercado de trabajo).
El remedio, entonces, es bajar los salarios!

LAS OBJECIONES DE KEYNES A LA TEORÍA CLÁSICA.
Esta última afirmación acerca del nivel de los salarios es lo que más objeta Keynes. Su teoría del empleo y el paro no se basa en el supuesto de los tipos de salarios rígidos, argumenta que el volumen de empleo está determinado por la demanda efectiva y no por los contratos entre obreros y patrones. La explicación última del paro está, para él, en el nexo de los tipos de interés tomados en su conjunto con la irracionalidad de las previsiones de los hombres de negocios respecto de la inversión en bienes de capital duraderos.

El estructuralismo

Durante las décadas del 40 y el 50, la escena filosófica francesa se caracterizó por el existencialismo, fundamentalmente a través de Sartre, aparecen también la fenomenología, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia, con Gastón Bachelard. Pero algo cambia en la década del 60 cuando Sastre se orienta hacia el marxismo, surge una nueva moda, el estructuralismo. Claude Levi Strauss inicia este nuevo moviendo en la etnología al que luego le seguirán Jaime Lacan, en el psicoanálisis, Luis Altuhusser en el estudio del marxismo y finalmente, Miguel Foucault. Cabe ser desatacado que Althusser y Foucault rechazaron la clasificación de su pensamiento dentro del e estructuralismo, y en rigor, únicamente Levi Strauss realizó una reflexión explícita sobre el estructuralismo como método. En cualquier caso, se trata de un alejamiento de perspectivas historicistas o subjetivistas bajo en intento de hallar una nueva orientación para la investigación.

No puede decirse claramente que el estructuralismo sea una escuela, sino más bien un enfoque metodológico para las ciencias humanas, como la antropología cultural, la lingüística, la historia... sin embargo, el método tiene derivaciones filosóficas de consideración.

El concepto de estructura

Lévi-Strauss ha definido las condiciones que implican el concepto de estructura:

1. Implican el carácter de SISTEMA. Esto consiste en que sus elementos se relacionan de manera tal que la modificación de cualquiera de ellos implica una modificación de todos los demás.

2. Como todo modelo pertenece a un grupo de TRANSFORMACIONES, cada una de éstas se corresponde con un modelo de la misma familia, de manera que el conjunto de estas transformaciones, constituye un grupo de modelos.

3. Las propiedades enunciadas previamente permiten PREDECIR, de qué manera reaccionará el modelo en el caso en que alguno de sus elemento se modifique.

4. El modelo debe ser construído de tal manera que su FUNCIONAMIENTO pueda dar cuenta de todos los hechos observados.

Una estructura, pues no es una realidad empírica observable sino un modelo explicativo teórico construido no como inducción sino como hipótesis. Se diferencia así “estructura” de “acontecimiento”.

En la estructura no se considera a los términos en sí mismos sino a sus relaciones, es por lo tanto, un sistema de relaciones y transformaciones, regulado por una cohesión interna que se revela en el estudio de sus transformaciones.

Piaget ha definido a las estructuras a través de tres características:

1. Totalidad: es un sistema que posee más propiedades que la de sus elementos aislados.

2. Transformaciones, posee un equilibrio dinámico

3. Autorregulación: el sistema es cerrado y se autoconserva, porque es un sistema de transformaciones autorreguladas.

El método estructuralista

El concepto de estructura, o sus similares, es, por supuesto, anterior a su utilización por parte de los estructuralista franceses. Estaba presente en las matemáticas a través de la noción de “grupo” y en la lógica, como “formalización”, e incluso en la física y en la biología. El equivalente en psicología, puede hallarse en el concepto de gestalt (forma), utilizado por la Escuela de la Gestalt cuyo objetivo central fue el de superar los planteos de la teoría asociacionista. Lewin tralsada el concepto de la gestalt a la psicología social, Freud elabora un modelo estructural del inconsciente reprimido (yo-ello-super yo) e incluso Marxo, utilizará los conceptos de infraestrctura y superestrctura para establecer los supuestos del materialismo histórico.

Sin embargo, el estructuralismo se inspira especialmente en la lingüística de Saussure quien distinguió entre “lengua” y “habla” considerando la lengua como un “sistema de signos” independiente del uso que de él hace el individuo y así propuesto la creación de una nueva ciencia.

Así, Lévi-Strauss piensa que los fenómenos sociales ofrecen el carácter de signos y que cualquier sociedad puede ser estudiada como un sistema de sinos, as e puede considerar por ejemplo las reglas del matrimonio y los sistemas de parentesco como una especie de lenguaje, un conjunto de operaciones destinadas a asegurar entre los individuos y los grupos cierto tipo de comunicación. Es decir, una sociedad puede ser considerada como un juego de signos, de lenguaje o de comunicación, aunque a diversos niveles: comunicación de mujeres (prohibición de incesto, exogamia), comunicación de bienes o servicios, comunicación de mensajes. El método para su estudio será descubrir la estructura o sistema de ese juego. Dado que, en cualquier caso, se trata siempre de fenómenos sociales que pueden ser considerados como signos, la metodología puede ser la misma que la empleada por la lingüística estructural.

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